miércoles, 19 de julio de 2017

CARTAS

6 de julio del 20--


Querida yo:

La tormenta de estos tres días se ha llevado por delante las flores del jardín de mamá. Cuando ya dejó de llover, el cielo regresó con su azul tan intenso y claro como cualquier día de verano, así que mamá aprovechó a darse una vuelta para ver sus rosales y sus hortensias. Pocas flores quedaban, pues el viento y la lluvia se habían encargado de separar los pétalos de sus capullos. Me dio pena verla tan disgustada, pero ya sabes cómo es la abuela, no sé si en aminorar su pena o incrementársela más, porque no tardó en decirla que penas mayores han llovido que tienen solución y que esa la tenía.
El resto del día fue bastante raro. Mamá casi no habló y se pasó intentando arreglar en sus flores lo que la tormenta se había cargado. La abuela a lo suyo, aprovechando el enfado de mamá y que apenas estaba en la casa, decidió visitar varias veces al día el armario de los dulces y cuando no cogía una magdalena, cogía una galleta. Yo la miraba de reojo y hacía como si no me enteraba, ciertamente, tampoco me apetecía volverlas a oír enzarzarse en una discusión de las suyas.
Papá, en cuanto vio que el día clareaba, marchó a ver cómo estaban los campos de la difunta tía Gertrudis. Se preparó su mochila con su bota de vino, pan y unas viandas y junto a Toby, el perro, salió diciendo que casi seguro se estaría todo el día y no vendría hasta la tarde noche.
En días así, es, cuando más te echo de menos.

Tuya siempre,

---Mi yo---




martes, 11 de julio de 2017

CARTAS

2 DE JULIO DEL 20--

Querida yo:

El martes pasado no pude ir al mercado como ya te conté en mi última carta. Cuando la llevé a correos para echarla, el cielo se puso de forma repentina de un gris tan oscuro, que era como si en cuestión de minutos se empezara a hacer de noche. Resonaron en el cielo un par de truenos con tal fuerza, que rompieron el silencio que había en el pueblo a esas horas de la mañana. Cayeron algunos rayos que desgarraron por la mitad dos olmos del prado del tío Segismundo, ese pobre anciano que vive junto al puente de piedra que hay en la zona norte del río. El hombre contaba luego que tuvo tanto miedo que llegó a pensar que alguno se le iba a caer encima de su casa.
Todo ello desembocó en tal lluvia torrencial que me empapó hasta los huesos. Aún así, decidí no darme la vuelta y llegar hasta la estafeta. Cuando me vio la mujer del cartero, la mujer se asustó y se empeñó en que entrase en su casa para tomarme un vaso de leche caliente y me secara un poco; al menos, hasta que la tormenta amainara, sin embargo, no fue así porque se pasó el resto del día lloviendo.
Manolo, el cartero, aprovechó la ocasión y me entregó una carta tuya que protegí bajo mi blusa procurando que llegase a casa lo menos mojada posible.
Mamá se asustó en cuanto me vio y la abuela no tardó en hacerme unas infusiones de las suyas, de romero y eucaliptus, que me hizo tomar con un chorrito de coñac. No tardé en empezar a estornudar y enseguida mamá me obligó a meterme en la cama ante la pesadez de la abuela quien insistía en lo malo que era coger una buena mojadura y más si estas eran por tormentas de verano. Mamá le decía que lo mismo daba verano que invierno y así tuvieron excusa para otra polémica de las suyas.
Al día siguiente siguió lloviendo con ganas, y yo he tenido que pasarme tres días en cama con las infusiones de la abuela entre estornudos y pañuelos, y mirando por la ventana como la lluvia caía resbalando por los cristales.

Tuya siempre,

---Mi yo---


domingo, 2 de julio de 2017

A LA PALABRA

Me dices que guarde silencio
que calle mi voz que clama,
buscando quien me la escuche.

Que apague mis sentimientos
que quieren hablarle al viento.
Y yo te miro.
Y pienso:
¿tan chica es mi palabra
que a nadie le importa un bledo?
¿Quién eres tú «pa» decirme
que he de callarme por ello?

Mientras exista la brisa
y un latido en mi pecho
yo gritaré tan fuerte
que no habrá palabra chica
que no me la lleve el viento.

Escritas en sinfonías
las nubes leerán mis versos,
y porteará mi experiencia,
seré mi humilde viajero.
Y por mucho que tú digas,
¡No guardaré silencio!







miércoles, 28 de junio de 2017

CARTAS

28 DE JUNIO DEL 20--

Querida yo:

No te puedes imaginar cuán rápido salté hoy de mi cama en cuanto oí el canto del gallo. Sobre esas horas, los rayos del sol suelen colarse por entre las contraventanas de mi habitación, pero hoy, dormitaban perezosas alguna que otra nube por el cielo, y parece que lo impidieron. Casi lo agradecí porque ayer fue un día agotador de calor.
La abuela se pasó la mañana debajo del roble sentada en el sillón de mimbre que mamá le saca y le mete según su antojo, todos los días. Por la tarde, aunque aún da la sombra, prefiere meterse al frescor de la casa. Mamá dice que es mejor así porque de este modo, la deja hacer las labores y la comida por las mañanas y no anda de hociquera detrás de ella. Lo cierto es que después de comer, se queda dormida y se echa sus buenas siestas aunque ella siempre dice que no duerme.
Papá suele recostarse en su sillón de siempre y cómo dice mamá, nunca puede ver ni oír nada, ya que entre el uno y el otro parecen un requiém con sus ronquidos y resoplidos que pegan. Así que, casi siempre, mamá acaba agarrando su caja secreta y se sienta en el porche junto al avellano para hacer sus costuras de ganchillo.
Yo, sin embargo, pasé el día en estado de marmota, sin ganas de hacer nada. Revisé mi armario con la intención de hacer limpieza y así eliminar las ropas que ya no necesito. Pero me cansé enseguida. 
El martes que viene es el mercado y ya sabes lo que me gusta revolver entre los puestos de los tenderos.

Tuya siempre,

----Mi yo----

sábado, 24 de junio de 2017

DIME ABUELO

Cuando miras al cielo
sonríes
y con los ojos cerrados 
dibujas caballitos de mar.
Y sueñas...
Ayer, ¡quedó tan lejos...!
que viajas y recuerdas
paseos que de niña,
cogida de la mano
y descalzos los pies,
junto a tu abuelo dabas.
—¿Abuelo? —le preguntas.
Si el mar es junto al cielo
de un azul inmenso
y el agua lleva nubes
al golpear las olas,
y el verde de los campos
que abraza las montañas
cubre junto a los ríos
viajeros de agua clara.
¿Dónde bailan las hadas?
Que tiñen de colores
con polvo y purpurina
al aletear sus alas,
ésta, tan bella estampa.
Dime abuelo, si bajo las flores
dormitan por el día
para al llegar la noche
vestir de sinfonía
tan bella melodía
y dibujar colores
para que al despertarme
yo viaje en una nube
a contemplar el cielo
tumbada sobre el heno
y sueñe, como hoy,
viajando en el tiempo, 
paseos de tu mano
oyendo tus historias,
narrándome tus cuentos.
Dime abuelo:
¿Dónde bailan las hadas
que me llenaron de sueños?

lunes, 12 de junio de 2017

CARTAS

12 DE JUNIO DEL 20--

Querida yo:

Hoy hemos tenido de nuevo la visita de doña Emilia, la maestra, la pobre mujer desde que se jubiló no sabe en qué emplear el tiempo. Así que cuando no viene con una bandeja de dulces, aparece con un bizcocho. El otro día le hizo de naranja, y, ¡estaba buenísimo! A mamá no le gusta mucho que nos traiga tantos porque dice que luego la abuela se pone tibia y que no le viene nada bien para su salud.
A papá le da igual, algunas veces le he pillado echándoselo a las gallinas, pone la excusa de que ellas también tienen derecho a comer.
Si te soy sincera, a mí personalmente, a veces tengo la sensación que sigo en la escuela con ella y no resulta muy agradable. Llegó incluso a pedirme que le dejara leer tus cartas para ver de ese modo si cometía alguna falta de ortografía. Ciertamente no podía creer lo que estaba oyendo. Tuve la sensación de que tienes que crecer por ti mismo, ya que los demás parecen que se empeñan en dejarte parada en un tiempo pasado.
Intenté ser amable y educada, y como siempre me has dicho tú, que con buenas maneras es como se llega a todas partes, le dije educadamente, que la ortografía era una de mis asignaturas preferidas y que por lo tanto estaba segura que no cometía falta alguna. Percibí de inmediato que mis palabras no fueron de su agrado y que no era realmente eso lo que esperaba porque la expresión de sorpresa y desengaño que dibujó instintivamente en su cara, lo decían todo.
Si te soy sincera, yo creo más bien, que lo que ella tenía era cierta curiosidad por enterarse del contenido. Será porque cuando me pregunta no suelo ser muy explícita. He aprendido, gracias a ti, que depende con quien, más vale ser parca en palabras.

Tuya siempre,

----Mi yo----

martes, 6 de junio de 2017

C.E.T.B.L.R.

Cuando María traspasa la puerta que divide mi habitación del amplio pasillo de esta lujosa residencia, su rostro bello y angelical y su mirada tierna me recuerdan tanto a mi inocencia, que retorno a un pasado tan bello como hermoso y que desaparece en lagunas esporádicas, cada vez en mayores momentos del día. Ella coge mis manos entre las suyas, y en cuclillas, detiene su mirada en la mía, sonriéndome con un corazón tan bello como puro; acaricia suavemente mi rostro arrugado, aunque ella diga que aún quedan estampas en él de mi juventud. Ese mismo rostro que contemplo en el espejo del tocador cuando me siento a mirar a través de él, viéndome unas veces, y otras veces sin ver.
Ella me lo dice cada día, cada tarde, cada vez que detiene mi silla de ruedas junto a un banco de uno de los caminos que rodean el amplio jardín de este hermoso lugar. Es bello, muy bello. Un lugar donde los ricos dejan su dinero para que parezca un hogar en la vejez del tiempo y disfrazar una estampa familiar inexistente.